Carta a Filemón

filemonLectura de la carta del apóstol San Pablo a Filemón 9b-10. 12-14

“Querido hermano: Yo, Pablo, te recomiendo a Onésimo, mi hijo, a quien he engendrado en la prisión; te lo envío como algo de mis entrañas. “

Al leer este párrafo, por un instante he dudado ¿Tenía San Pablo un hijo? ¿tuvo un hijo en la prisión?

Sigo leyendo: “Quizá se apartó de ti para que lo recobres ahora para siempre; y no como esclavo, sino mucho mejor: como hermano querido.”

¿Esclavo? ¿hermano? ¿hijo? ¿ En qué quedamos.?

Siendo esclavo Onésimo de Filemón, se escapó y se encontró en la cárcel con Pablo. Así pues, Onésimo , no era el hijo de San Pablo. ¿Entonces? ¿por qué le llama así?.

Porque le quería. Le llegó a coger tanto cariño que como hijo le sentía y le trataba.

¡Qué bonito, ¿no?! Apreciar tanto a una persona que la acabes sintiendo como a un hijo, un hermano, un padre, una madre…Cariño, nos falta cariño sincero entre las personas.

Cortita es la carta que San Pablo le escribe a Filemón y , sin embargo, no tiene desperdicio. Tres personas intervienen en ella

Onésimo: Se encuentra con Pablo en la cárcel y, después de un tiempo, reconvertido vuelve.

Eso me hace pensar en los viajes¡ ay que ver lo que viajamos¡. Cada vez a sitios más lejanos.

Propongo un viaje distinto para el que no hay que ir muy lejos: Un viaje a nuestro interior. Poner el GPS rumbo al corazón. ¿lo hemos hecho alguna vez?.

No, no podemos ir por la autopista. Es un viaje para hacer sin prisa.

Tiempo necesitó Onésimo para reencontrarse, reubicarse. También lo necesitamos nosotros.

Filemón: ¿cómo reaccionaría ante la petición de San Pablo? ¿Le haría caso? ¿ acogería a Onésimo como a un hermano olvidando el pasado? O más bien, le diría a Pablo: Cierto es que te aprecio, que confío en ti pero no puedo acceder a lo que me pides. No puedo acoger a una persona que una vez me traicionó, más bien , estoy deseando que regrese, y pedirle que me devuelva lo que me ha robado

 San Pablo: Quien reconduce a Onésimo. Tiene plena confianza en que Filemón acogerá como a un hermano a Onésimo.

 ¿Nos dejamos nosotros enseñar? ¿tenemos cerca a alguna persona que nos oriente y nos guíe? ¿Confiamos nosotros también en las personas? ¿tenemos fe?

 La verdad es que es un texto, que da para pensar muchísimo. En verdad, cientos de textos, citas, hay en los evangelios que son la mar de útiles para nuestro día a día.

Desayunar, comer y cenar lo hacemos todos los días para alimentar el cuerpo. ¿No sería bueno pensar también en alimentar el alma? Bueno sería que leyéramos algo cada día, aunque fuese una sola frase.

 

 

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