Vaciarse de uno.

Dice la letra de una canción: “ hoy me quedé vacío para llenarme de ti”.

Vaciarse de uno para llenarse de Dios, ésa, es la cuestión. Bueno, no es del todo cierta. Dicho así parece que le tengamos que hacer un hueco a Dios en nuestra vida cuando, realmente,  ya está dentro.

Siendo así, ¿cómo es que no le vemos, que no le sentimos?. Porque es difícil sentir a Dios cuando tiene que compartir espacio con “Yo, Mi, Me, Conmigo”

No hay espacio para cinco. Sólo uno puede ser y ,ésa, es la decisión. ¿Nos quedamos con nuestro yo o dejamos el espacio a Dios?.

Cuando me levanto por las mañanas tengo que andar buscando los zapatos, decidir qué zapatospantalón me pongo, coger el abrigo si hace frío. No me preocupo de buscar los ojos, las manos, los pies… porque ya están conmigo.

Con Dios pasa igual. No hay que ir a buscarle fuera, siempre está con nosotros, en nosotros. Donde vayamos, allí que va El.

No hay que buscar fuera lo que ya está dentro, lo que está en uno. Lo que hay que hacer es redescubrirlo ¿Lo intentamos? ¿Dejamos que sea Dios el dueño de nuestro corazón?.

Si, lo sé, cuesta desprenderse del “yo” cuando lleva tanto tiempo con nosotros pero estoy segura que ,el esfuerzo, merece la pena.

 

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