! No puedo !

Me hicieron una propuesta y mi primera reacción fue contestar: No puedo hacerlo, no soy capaz.

puedoSatisfecha me quedé con mi respuesta. Como no sabía, no hice por intentarlo.

Contento también se debió quedar el maligno pensando que había vencido.

Volvieron a insistirme. Esta vez dudé antes de responder. Algo en mi interior me preguntaba: ¿Cómo sabes que no puedes hacerlo si no lo has intentado?

Terrible es la tentación del : NO PUEDO

– No hace falta que lo intente. Me conozco, conozco mis posibilidades.

Convencida de que no podía, ya no sentía el peso de la responsabilidad.

Segunda Tentación: MIS POSIBILIDADES

– Cierto, seguramente con tus posibilidades no puedas hacer nada. ¿Has probado a confiar en Dios? ¿has pensado en Sus posibilidades?.

Clavé los ojos en el crucifijo y ya no dudé más. No dudé, no pregunté, confié en el Padre y, de inmediato, me puse a hacer aquello que me parecía tarea imposible.

No sabía qué resultado tendría, tampoco me importaba. Sabía que el haber vencido la tentación del “No puedo” , en sí, ya era una victoria.

 

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